Cuando los niños llegan al año de edad ya podrán comer todos los alimentos, pero esto no quiere decir que se les pueda dar cualquier cosa. Hay un momento y una cantidad para todo, sobre todo cuando estamos hablando de golosinas.

Los expertos indican que los hábitos alimenticios están fijados durante los primeros años de vida de los niños y que los van a seguir a medida que crezcan. Por ello, se recomienda instruirles sobre lo importante que es seguir una dieta equilibrada (compuesta por carne, verdura y fruta principalmente).

Siendo realistas, alejar a los niños de las golosinas es imposible. Pero lo que sí que podemos hacer es controlar la cantidad de golosina que van a comer, cuando la van a ingerir y otros factores.

Comer golosinas de forma esporádica no debe de ser dañino para la salud, pero si que lo será cuando se convierte en una constante. Por ello, los niños deben de adquirir buenos hábitos de alimentación desde el primer momento.

¿Qué opinan los médicos sobre los niños y las chucherías?

Los pediatras, dentistas y los endocrinos coinciden en que no se debería de dar chucherías a los niños antes de los 3 años de edad. Una vez que se haya alcanzado tal límite, será primordial establecer algunas restricciones.

Los dulces tienen glucosa que se considera el combustible para que funcionen las células del cerebro, además de proporcionar energía al organismo. Pero este aporte debe de ser controlado en todo momento, ya que, de lo contrario, puede ocasionar problemas importantes de salud y de obesidad infantil.

Se concluye que los niños no deberían de consumir más de 25-30 gramos de azúcar.

¿Y esto cuánto es? Ten en cuenta que una simple golosina ya tiene unos 15 gramos, mientras que una bebida carbonatada o un refresco llegarán a los valores máximos recomendados. También habrá que tener en cuenta que algunas golosinas tienen azúcar extra, por lo que nos será más complicado conocer el valor exacto.

Cuando el azúcar entra en la boca se convierte en un ácido que estará unos 30 minutos dañando el esmalte. Si el consumo de dulces es excesivo, podría llegar a producir problemas serios de carácter bucodental.

En conclusión, no hay nada de malo en que coman golosinas de forma esporádica, pero siempre teniendo muy en cuenta los valores máximos establecidos.