Algunos padres deciden premiar a sus hijos con golosinas cuando han cumplido determinados objetivos: por ejemplo, cuando han obedecido en las tareas diarias o cuando han terminado de hacer los deberes… pero esto no es lo más acertado.

El hecho de premiarles con dulces genera malos hábitos en los niños, consiguiendo que se vayan volviendo más caprichosos. Los expertos recomiendan premiar una acción que realmente se lo merezca. Ten en cuenta que si se les premia por todo, incluso por acciones que entran dentro de sus obligaciones y que tienen que hacer si o si, cuando hagan tareas más complicadas exigirán una recompensa mucho mayor, siendo ese momento en el que nos daremos cuenta del problema que tenemos encima.

Pero la que sin duda es la base de la problemática de premiar con golosinas es que estamos incentivando la creación de unos nocivos hábitos alimenticios. Si los dulces se consumen como comidas extra, lo más normal es que esto termine afectando a las ganas de comer del niño, que desarrolle inapetencia por las comidas saludables y que lo tengamos más complicado para que se termine lo que le hemos puesto en el plato.

Y es que los hábitos alimentarios que se adquieren durante la infancia son los más complicados de modificar una vez que han crecido. Por ello, se advierte de que no hay que convertir las recompensas en algo malo cara al futuro.

¿Por qué se utilizan los dulces como recompensas?

¿Por qué en lugar de utilizar dulces no les damos un plato de su comida favorita, de pasta, por ejemplo? Pues la verdad es que esta sería una buena idea. Si las recompensas que recibe el niño tan sólo se basan en el consumo de dulces, el niño las termina viendo como algo muy positivo, pero nada más lejos de la realidad. Lo cierto es que las golosinas son alimentos con un bajo nivel nutritivo que tan sólo aporta calorías.

Un claro ejemplo de mal hábito es decirle al niño algo como “si te comes el pescado te doy una gominola”. Esto le hace ver que el pescado debe de ser malo y que la golosina es muy buena; cuando, a nivel nutricional, es justamente lo contrario.

Si este tipo de recurso es utilizado de forma habitual, el consumo de dulces se incrementará. Esto traerá consigo problemas de excedente de azúcar, pudiendo derivar en problemas como caries, carencia de vitaminas, sobrepeso, incluso hasta un desajuste de los niveles de glucosa del organismo que podrían derivar en graves afecciones como en los diferentes tipos de diabetes.

Se puede premiar con dulces caseros, o con alguna recompensa que no tenga nada que ver con la comida: por ejemplo, con ir al cine, con dar un paseo por el parque, haciendo manualidades, salir a hacer el hobby que más le guste, entre otras muchas posibilidades.

Incluso hasta una muestra de afecto, como puede ser un abrazo, resultará mucho más positivo que el hecho de recompensarle con un dulce.